Inicio > Miscelaneas > ¿Hasta que puntos los gobiernos y las corporaciones nos controlan?

¿Hasta que puntos los gobiernos y las corporaciones nos controlan?

Recientemente, Klomiz ha escrito éste texto en su blog y como me pareció que era una reflexión bastante buena he decidido trascribirla aquí.

Control mental

By klomiz

Una pregunta viene a mi mente con frecuencia ¿Hasta qué punto las corporaciones y los gobiernos nos controlan?

Pregunta fácil de plantear, pero muy difícil de responder.

Desde tiempos en los que el odio y el miedo era la principal arma propagandística de los políticos, los gobiernos de infinidad de países se han esforzado por tener a la multitud controlada. El mejor medio para el control, es la información. La información es poder. Al igual que algunas sectas religiosas utilizan datos personales, conseguidos mediante el espionaje y la observación, para hacernos creer que lo saben todo por inspiración divina ,  los gobiernos, procuran saber lo máximo posible de su pueblo, porque una masa tranquila es más fácil de llevar.

Quizá esta teoría conspiranoica de represión, micros en los teléfonos e interceptación de cartas suene a algo lejano, de otra época. Quizá sólo sirva para rememorar viejas películas de espías y gansters, cuya ambición de poder no tenía límites. Sí, quizá sólo sea eso. O quizá no.

En un mundo tan globalizado y comunicado como este, la obtención de datos no ha finalizado, simplemente, se ha transformado. Pero para ello, los gobiernos necesitaban a un aliado. Las empresas.

Cuando el regir de un gobierno está supeditado a intereses económicos y de otra índole, y sus mandatarios tienen unas relaciones tan estrechas con las compañías, no cabe sino preguntarse ¿qué tipo de objetivos tendrán en común?

La publicidad y el márketing son el arma más poderosa de este mundo. Pueden hacer que millones de personas piensen de una manera, o de que cientos de miles compren un producto. Y cuando es el gobierno de turno el que colabora con la empresa de marras, entonces tenemos un problema.

Desde hace años, con ayuda de la informática, las empresas destinadas a la venta de productos, o servicios, se han dedicado a recopilar datos de las personas. Esta práctica, se llama data mining. Mediante la obtención, recopilación e interpretación de los datos, las empresas pueden llegar a deducir patrones de consumo, para adaptar su estrategia de ventas hacia una dirección concreta. Se pueden saber los gustos culinarios, el tipo de chicas que te gustan, tus ideas políticas o tu estado de ánimo. Es una incursión en la vida privada de la persona. Sin embargo, cuando más indefensos estamos, menos parece importarnos que nuestras huellas y señales queden grabadas a fuego para que otros las rastreen. Tal como en Un Mundo Feliz de Huxley, las personas son clasificadas y etiquetadas. Se hacen listas y se separa según el sexo, la procedencia, los gustos, el carácter y la edad. De manera que las empresas lo tengan fácil a la hora de señalar un target determinado para vender su producto.

Pero el peligro real no es que estemos expuestos a vendedores ambulantes u ofertas personalizadas. El verdadero peligro es, como dije antes, la información que las empresas tienen sobre nosotros. Pueden traficar con ella y venderla al mejor postor. Y nosotros permanecemos al margen.

El terrorismo se ha convertido en la razón principal por la que ceder principios y libertades en pos de la seguridad personal. Pero, como dijo Benjamin Franklin: Quien sacrifica libertad por seguridad, no merece ni lo uno ni lo otro” . Quizá una situación determinada requiera un pequeño sacrificio, pero eso no significa que debamos perder nuestro sentido de la libertad, y menos si nos viene impuesto.

El control que ejercen los estados para evitar ataques terroristas roza la locura. Controles en aeropuertos, lectura de emails, escuchas telefónicas, espionaje sin tapujos… Y todo ello, porque los ciudadanos, nosotros, se lo permitimos.

La humanidad tiende hacia un estado único en el que las libertades se hayan perdido para ganar una supuesto bienestar. Pero, ¿es eso realmente la vida?

Nuestra privacidad es más importante de lo que pensamos. Proteger nuestras ideas, pensamientos y reflexiones es el primer paso para la integridad personal. El no ceder, el no dar el brazo a torcer ante la absurda disyuntiva de elegir lo que es correcto ante lo que nos dicen que es correcto. Jamás un ciudadano ha tenido tantas ataduras morales, físicas y psicológicas. Demos un paso adelante, digamos no, y entenderemos que una vida libre, vivida según nuestra propia moral, siguiendo nuestro propio camino. Nadie dijo nunca que fuera fácil, pero en una era donde el sacrificio personal y el esfuerzo parecen desvanecerse por momentos, luchemos por la vida, nuestra vida.

  1. klomiz
    Junio 16, 2009 a las 6:22 pm | #1

    Gracias por la mención.

    Un saludo de tus colegas de Pillateunlinux. ;)

  1. Aún no hay trackbacks